Qiang Jin Jiu (¡Brindemos!) (Li Bai, Qiang Jin Jiu)
¿Acaso no ves? Las aguas del río Amarillo parecen descender del cielo, rugiendo hacia el este, dirigiéndose al mar sin jamás regresar.
¿Acaso no ves? Frente al espejo brillante en la sala, la gente se aflige por las canas; por la mañana, el cabello es negro como la seda, y al atardecer se vuelve blanco como la nieve.
Cuando la vida te sonríe, debes gozar al máximo; no dejes la copa de oro vacía frente a la luna.
El cielo me ha dotado de talento, y seguro tendrá su uso; aunque se derrochen mil onzas de oro, aún se pueden recuperar.
Cocina el cordero y degüella el buey, goza del placer por un momento; para beber, hay que beber trescientas copas de un tirón.
Maestro Cen, hermano Danqiu, ¡bebed ya, no detengáis las copas!
Para vosotros entono una canción; prestad oído, os ruego.
Los banquetes con campanas y trípodes, los manjares en jade, ¿qué valen? Solo deseo embriagarme y no despertar jamás.
Desde la antigüedad, los sabios y santos han vivido en el olvido; solo los buenos bebedores dejan su nombre.
En aquellos días, el rey Chen, Cao Zhi, festejaba en el Pabellón de la Paz; un cántaro de vino costaba diez mil monedas, y todos se entregaban al júbilo.
¿Por qué dice el anfitrión que falta dinero? ¡Comprad más vino y bebed conmigo!
Mi caballo de crines moteadas, mi abrigo de piel de mil monedas, ¡que mi criado los cambie por buen vino, para disipar con vosotros esta infinita melancolía milenaria!
